El canto de las ballenas

Si usted lee esta “Nota de autor” quiere decir que yo ya habré muerto. He dejado esta nota redactada para acompañar este libro, también póstumo. Quizás, en unos años, algunos de esos que pasan por críticos y entendidos en la materia, se refieran a mí como una figura interesante, que leyó con sed, y que escribió, dibujó, pintó y esculpió sin descanso hasta su último aliento, mi último aliento, con algo de fortuna.

Mi abuelo decía que yo necesitaba tener la cabeza ocupada, pero se equivocó, porque lo que yo necesitaba tener ocupado era el corazón. Y no conocí otra forma de hacerlo. Leí, y leí mucho, para vivir otras vidas que no eran la mía, y escribí, y dibujé, y pinté e hice formas con mis manos porque no me quedaba más remedio, porque mi corazón no conocía otra forma de pedir ayuda.

De modo que sólo fue eso, querido lector –cómo no quererle, si está usted leyendo estas líneas-. Todo lo que hice fue como el canto de las ballenas, señales que en la distancia, otra ballena podría descifrar y acudir a mi encuentro.  No encontré otra forma de escapar de la soledad del mar inmenso.

 

Física y química

Es cierto que te quise, amor, y aún te quiero. Te quise y esperé que me quisieras, pero ya no tengo tiempo, no me queda más tiempo…

Sería más fácil si tuviera fe, esa fe bobalicona que niega los principios de la física y la química, del tiempo y del espacio que nos unieron y del impulso que me llevó a vivir contigo, sin ti.

Ahora la física se rinde y la química que me fundió contigo me deja el rescoldo de tu recuerdo, y con eso me basta para dejarme ir. Y yo ya no seré más que en tu memoria.

El libro

-Dedícame el libro, por favor.

Él entornó los ojos unos instantes y luego le pidió su barra de labios. Se pintó los suyos con el carmín y los puso una y muchas veces sobre la contraportada intacta y sobre la hoja de la dedicatoria del autor. Y se lo entregó así, todo lleno de besos.

Otra vez

Volvió a verla de nuevo después de mucho tiempo, demasiado tiempo para no confundir los recuerdos con su imaginación. Volvió a verla, más delgada aún, el cabello más largo también, pero el mismo brillo en la mirada, y esa sonrisa suya iluminándolo todo, y ese olor, ese olor acogedor que le invitaba al abrazo, y que seguía, después de tanto tiempo, erizándole la piel.

Mujeres

Siempre hubo a su alrededor  mujeres más altas que ella, más delgadas, más simpáticas, más llamativas y menos inteligentes que ella; mujeres que resultaban más atractivas que ella.

Por eso decidió vivir al margen de cualquier referencia y ser ella misma; apta solo para valientes.

Causalidad

Eligió el libro casi por casualidad, de entre otros tan ajados y con títulos tan prometedores como el suyo, capaces de solucionar dudas y despertar curiosidades con cuatro o cinco palabras. Ya en casa, lo abrió con calma, como hacía siempre al inicio, y hojeó las primeras páginas sin pararse demasiado en ninguna parte. Cuando vio el resguardo del préstamo de la biblioteca le extrañó haberlo dejado allí, hasta que reparó en que sólo el apellido coincidía, pero, ni el nombre era el suyo, ni el segundo apellido, ni la fecha, que era, sin embargo, muy cercana. Dejó de respirar, por un momento su cuerpo entero quedó como suspendido en el aire, cuando se dio cuenta de que, antes que ella, un hombre que se apellidaba como ella había elegido el mismo libro, había sentido la misma curiosidad y tenía la misma afición que le impelía a buscar las mismas fuentes que ella.

Releyó el resguardo de nuevo y vio que no se equivocaba, allí estaba su nombre y sus dos apellidos, incluso su número de teléfono. Dudó solo un instante, ni siquiera fue consciente de que había tomado una decisión, cogió el teléfono, marcó el número y esperó el sonido que hacían al descolgar al otro lado de la llamada.

Verano

El verano nos enseñó el vello masculino censurado o semejando una barba de tres días; rosarios de venas amoratadas, como gusanos asfixiados bajo la piel, o redes de finos hilos rojizos y violáceos que se desparraman desde las corvas, arriba y abajo, como si dibujaran un mapa de ríos, afluentes y arroyuelos; pies desfigurados con juanetes y dedos que se agarrotan arqueados; uñas que alguna vez estuvieron pintadas de vivos colores y otras que perdieron la partida contra el calzado martirizador y se quedaron mermadas y contrahechas; barrigas que se escapan de las cinchas, o muslos tan ceñidos que parece que fueran a estallar … El verano es impúdico y falto de prejuicios, carente de la hipocresía del invierno, que todo lo disimula con la disculpa del frío. Todo lo disimula el invierno, para seguir siendo verano en nuestra íntima soledad.

Razones

Volví a fumar porque no te gusta que fume; porque odias el olor a tabaco en la ropa y en la piel y te asquea el sabor rancio que el humo deja en la boca.

Volví a fumar para darte una disculpa; porque no podía soportar que, simplemente, hubieras dejado de quererme.

En el estío

El sol es un brasero ardiendo que hiere los ojos y la piel, los perros acezan buscando la sombra, la boca abierta y el aleteo del pellejo en la barriga, sólo las chicharras, incansables, siguen aserrando el aire con ese chirrido metálico que ocupa toda mi cabeza, a punto de estallar. Ya ni siquiera puedo pensar, mi cerebro se ha licuado por el calor y se derrama en gotas de sudor sobre mi cara. En días así, decía mi madre, sólo andan por la calle los locos y los asesinos.

Sólo yo camino por la calle, bajo este sol injusto que todo lo arrasa, la mano derecha en el bolsillo, agarrando el mango del cuchillo que cuelga dentro de la pernera del pantalón, sólo yo, sólo yo tengo algo que hacer ahora, además de ese hijo puta que me espera sin saberlo. Sólo yo; y nunca he estado más cuerdo que en este momento.

Cumpleaños

El día de su cumpleaños, Saúl decidió no hacer balance. Se levantó como cada día aunque, poco a poco, fue dejándose invadir por una sensación de novedad, de estreno, como cuando, de pequeño, se ponía una camiseta o unas zapatillas nuevas, y la vida estaba por gastar aún.

El día de su cumpleaños, Saúl tampoco quiso hacer planes, ni siquiera para el corto plazo del año que seguiría a aquel día. Cerró los ojos y sintió cómo una ligera brisa le acariciaba el rostro y le envolvía después en un tierno abrazo, identificó en ella el olor y la textura de todos sus afectos y se sintió entrañablemente vivo, capaz de seguir ilusionándose y aprendiendo y rectificando o no, según el momento y la ocasión; para no dar todo por hecho nunca, para tener siempre un camino por delante.

Saúl se dio cuenta de que no sólo no iba a ser capaz de dibujar su futuro, sino que ni siquiera le importaba. Lo único que Saúl quería era sentirse vivo, y eso ya lo había conseguido, con creces.