Otoño

Los barrenderos  no me dejan pisar

las hojas del otoño,

las busco

como los niños buscan los charcos

para chapotear

y ellos me miran amenazantes

cuando les desbarato un montón echándolas al aire;

alguno, incluso me vocea “¡señora!”,

me habla de usted porque cree que estoy loca

y amaga con pegarme…

pero se queda quieto y me mira,

que luego

le da miedo esa locura

capaz de lanzar sueños

al viento.

Esta noche he decidido

Esta noche he decidido

morir un poco,

dejar un poco de ser  yo;

dejar de ilusionarme, tomar distancia

de este ir y venir

que me fatiga;

verlas venir, si es que vienen,

pero no buscarlas.

Esta noche he decidido

no cabalgar la cresta de las olas.

Quizás este trocito de mí

que ya está muerto

ocupe más que mi presencia,

quizás el hueco llene más que yo.

Pero morir

es tan triste siempre…

Como yo era pequeña

Como yo era pequeña

me acostumbré a disfrutar con las cosas pequeñas;

cosas como pisar las hojas en otoño,

como ver volar un pájaro o hacer hileras las hormigas,

como tocar los cuernos de los caracoles

o ver brotar una semilla…

Eran cosas pequeñas, cosas de cada día,

que escondía

en mis bolsillos por si acaso,

por si acaso la vida se olvidaba de mí.