Invierno

Hace frío y el aliento dibuja volutas  que se desvanecen poco a poco a esta hora de la mañana. Ella es pequeña, menuda, y pliega y despliega un mapa de la ciudad mientras le mira a él, mucho más alto que ella y tan joven como ella, y le niega algo con la voz y con el gesto.

-¡Que no; que te digo que no, que no puede ser!

Él no responde; mientras ella habla comienza a desabrocharse el abrigo y se lo saca de encima, la sujeta suavemente por los hombros con ambas manos, la gira hasta que ella le da la espalda y le coloca el abrigo sobre el suyo. Ella sigue diciendo que no, pero se deja hacer.

Sigo caminando y les siento muy cerca detrás de mí; la escucho diciendo que hace muchísimo frío para ir así –imagino que mueve la cabeza de un lado a otro, negando aún- y él, muy tranquilo, responde que le basta con abrigarse el cuello. Me adelantan al momento, ella con el abrigo de él hasta los tobillos –¡es tan pequeña! – y él, con jersey y una gruesa bufanda anudada bajo la barbilla. Todavía le pasa un brazo por los hombros mientras caminan, muy deprisa y muy apretados, e, intermitentemente, vuelve su cabeza hacia ella y se agacha un poco para besarla en la frente.

Les veo alejarse, ajenos a mí y al resto del mundo, mientras la memoria y la ternura juegan al escondite en mi piel.

Verano

El verano nos enseñó el vello masculino censurado o semejando una barba de tres días; rosarios de venas amoratadas, como gusanos asfixiados bajo la piel, o redes de finos hilos rojizos y violáceos que se desparraman desde las corvas, arriba y abajo, como si dibujaran un mapa de ríos, afluentes y arroyuelos; pies desfigurados con juanetes y dedos que se agarrotan arqueados; uñas que alguna vez estuvieron pintadas de vivos colores y otras que perdieron la partida contra el calzado martirizador y se quedaron mermadas y contrahechas; barrigas que se escapan de las cinchas, o muslos tan ceñidos que parece que fueran a estallar … El verano es impúdico y falto de prejuicios, carente de la hipocresía del invierno, que todo lo disimula con la disculpa del frío. Todo lo disimula el invierno, para seguir siendo verano en nuestra íntima soledad.