Diario de Pepín. Día 98

Mamá se ha enfadado conmigo y me ha reñido mucho. Dos veces. Ayer y hoy.

Es que hay veces que no puedo remediarlo y, aunque yo sé que a mamá no le gusta que haga algo, pues no puedo menos y lo hago.

Mamá estuvo cambiando de sitio algunas macetas y, aunque eran las mismas de siempre, para mí fue, de pronto, como si nunca hubieran estado allí y fueran unas recién llegadas. Total, que no pude menos que dejarme llevar y comerme la raíz de una –que olía divinamente- después de sacarla de la tierra, claro. Mamá vio en seguida algo de tierra en el suelo y empezó a mirar por todas partes como si estuviera buscando un rastro. Primero vio la tierra en el sofá, y a mí encima, que estaba tan a gusto que no la vi llegar, y luego vio un trozo de raíz sobre la cama, que me dijo que cómo era posible que, en tan poco tiempo, fuera yo capaz de armar tanto. Se enfadó mucho y me echó del sofá, y me tuvo un rato muy grande –eterno-, en la camita de fuera mientras ella y Sofía estaban en la sala.

Eso fue ayer, después, cuando a mamá se le pasó el enfado y yo ya había pensado mucho sobre lo que había hecho, ya todo fue muy bien. Por si acaso, estuve toda la tarde un poco cabizbajo –hasta que nos fuimos al parque y ya se me olvidó- que no quiero que mamá se piense que me tomo estas cosas a la ligera, pero hoy, mamá volvió a andar con macetas en el balcón y… no me pude resistir. Y vuelta a empezar.

Diario de Pepín. Día 33

Hoy mamá se llevó un buen susto. Al salir de la oficina nos encontramos con un perrito que es muy mayor pero que es muy pequeñito, mucho más que yo, y que, aunque yo quiero que seamos amigos, él no tiene muchas ganas. Bueno, pues como yo me entusiasmo tanto empecé a dar brincos y brincos y se me soltó la correa porque medio rompí el mosquetón. Yo, con el entusiasmo, salí corriendo sin darme cuenta de que no estaba en el parque y de que en la calle hay muchos peligros para perritos como nosotros porque pasan coches sin mirar. Menos mal que mamá me alcanzó; bueno, cuando ella me llamó yo me frené, por eso me alcanzó.

Mamá me riñó un poco, pero también me cogió y me abrazó y yo me sosegué del todo, porque, cuando mamá me abraza, yo siempre me sosiego.