Toda la luz

Abría las ventanas
esperando que la luz inundara
las estancias,
que no dejara rincón oscuro
donde ocultar los miedos
hasta la próxima vez,
esa luz que baila con el polvo
y todo lo ilumina,
ese baño de sol
que nos viste de tules
y de sueños…

Imaginaba
que el ventanuco barrado
de mi celda
era un amplio balcón,
la entrada a raudales
de la vida que soñaba,
y cerraba los ojos
para no deslumbrarme,
bajo el escaso haz de luz
sobre mis párpados entornados.

Sobre mis hombros

Sobre mis hombros pesa

la eternidad del tiempo;

pesan todas las fatigas

y todos los dolores

de los que fueron antes,

hasta llegar a mí…

Como una losa de granito

sobre mi cuerpo inerme,

como la bota del soldado

que aplasta la flor

en la orilla del camino,

así siento estas horas sin ánimo,

sin fuerza para pelear,

sin vida…

hasta que una palabra amable

me despierta

y el lazo de un afecto

me permite respirar

el aire renovado de un día

como otros,

o no, distinto de los otros,

porque distinta es la luz

que me ayuda a caminar.

Sombra y luz

Me miro al espejo y solo veo al otro lado unos ojos huecos y turbios, como de peces muertos, camino por la calle y no me sigue el eco de mis pasos y los perros gañen alejándose de mí; ni siquiera busco un sitio donde resguardarme de la lluvia por si acaso la lluvia arrastrara mi dolor… de estar sin ti.

Te reconozco en la luz de cada día, en la mirada alegre de las muchachas, en los labios golosos de las mujeres, en los juegos de los niños en el parque, en cada puesta de sol… Te sé parte del aire que respiro, del alimento que me mantiene en pie, te reconozco en mi sombra y en el ritmo de mi pulso… eres la vida que me lleva hacia ti.