Agua

El agua caliente para la parturienta y para el recién nacido que bracea en la palangana. El agua del barreño de zinc para el baño de los domingos. El agua cociendo para encallar y el agua fría para lavar las tripas en la matanza. El agua casi helada bajo los carámbanos que había que romper para lavar la ropa. El agua que acarreaba desde la fuente para poder beber en casa…

Todo en mi vida ha sido agua. Incluso esta agua con sabor a sal que inunda mi cara cuando los recuerdos me asedian porque tú no estás.

Toda la luz

Abría las ventanas
esperando que la luz inundara
las estancias,
que no dejara rincón oscuro
donde ocultar los miedos
hasta la próxima vez,
esa luz que baila con el polvo
y todo lo ilumina,
ese baño de sol
que nos viste de tules
y de sueños…

Imaginaba
que el ventanuco barrado
de mi celda
era un amplio balcón,
la entrada a raudales
de la vida que soñaba,
y cerraba los ojos
para no deslumbrarme,
bajo el escaso haz de luz
sobre mis párpados entornados.

Semana Santa

Te busqué, Señor,
entre los picos de los capirotes,
en los pies descalzos de los penitentes,
en las espinas manchadas de sangre,
en las lágrimas de cristal de tu madre,
en los mantos de terciopelo,
en las espadas de plata te busqué,
pero no estabas…

Se consumieron los pabilos
humeantes,
se secaron las lágrimas por la lluvia
y volvieron todos
a sus casas, a su labor,
a su madriguera,
a sus odios y sus broncas,
a sus guerras…

Y tú, Señor, no estabas…