Recital en El Cubo de Don Sancho

Ayer, día 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, el Grupo Homero llevó la música y la poesía hasta El Cubo de Don Sancho.

La tarde se mostró inhóspita y desagradable, fría y lluviosa, pero las atenciones del pueblo y de la Corporación Municipal, que hizo posible este recital, compensaron con creces los malos augurios ambientales. De hecho, nos hemos comprometido a volver en el verano, con mejor tiempo, con más calma, con ganas de pasear el pueblo y visitar el torreón.

Gracias, de corazón, a todos los que acudieron a escucharnos y al Ayuntamiento, por su organización.

https://salamancartvaldia.es/noticia/2025-03-09-el-cubo-de-don-sancho-celebra-el-dia-internacional-de-la-mujer-con-cultura-y-reflexion-364867

Premio XI Concurso de Micropoemas de la Fundación José García Nieto

Ayer, día 5 de marzo, se llevó a cabo la entrega de premios, según el acta del jurado, firmada el 17 de enero de 2025.

Han sido 393 los micropoemas que han concursado, desde 25 países diferentes: Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, España -con 249 concursantes-, Estados Unidos, Francia, Honduras, México, Montenegro, Nicaragua, Noruega, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico, Reino Unido, Uruguay y Venezuela.

Como en años anteriores, los concursantes han tenido que intertextualizar en sus poemas unos versos de José García Nieto. En esta ocasión han sido los siguientes: “Te escribo y sé que escribo para que no me leas…”

Son pertenecientes al libro titulado Carta a la madre, publicado en el año 1987, y por el que obtuvo el VI Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística. Fue editado por Ediciones Caballo Griego para La Poesía, en una edición no venal, con prólogo de Pere Gimferrer y epílogo de Pureza Canelo.

Siento un enorme agradecimiento hacia la Fundación por considerar que mi poema “Y, sin embargo” haya sido merecedor de un Accésit Ex aequo.

Y, sin embargo

Podrían recogerme tus manos,
hacerme yo un ovillo
y refugiarme
en el hueco de tus palmas,
podría adormecerme
al abrigo de esa cuna
mientras tu corazón ensaya
su latido sosegado
y me arrulla.

Y, sin embargo,
te escribo y sé que escribo
para que no me leas…
te espero y sé que espero
aunque nunca llegas.

2024

En julio de 2023 el Grupo Homero me invitó a participar en un recorrido poético en Alaraz, y, a partir de ese momento, ya no se han librado de mí.

El grupo había comenzado a dar recitales de poesía y música en 2014, y diez años después, se constituyó en Asociación Poético-Musical Homero, con la misma actividad y con la publicación de un libro de poemas de todos sus integrantes.

Actualmente, sus miembros son: Benito González García, Francisco Antonio Martín Iglesias, Leonor Martín Merchán, Manuel Méndez Acosta, Mª Concepción Sánchez Sánchez, Manuel Velasco Hernández y yo misma.

A lo largo de 2023 y 2024 hemos estado en muchos pueblos, en Salamanca capital y hasta en la Cárcel de Topas, recitando ante los internos gracias a la UTE (Unidad Terapéutica y Educativa).

En el mes de julio de 2024, cada lunes, el Grupo Homero formó parte del programa de Patios y Plazas de la Fundación Ciudad de Cultura y del Excmo. Ayuntamiento de Salamanca, en la Torre de los Anaya. Y, como cierre de nuestro recital, los alumnos del Conservatorio de música, deleitaron al público con sus actuaciones.

Sin duda, fue un acierto, porque, de nuevo, en julio de 2025 repetiremos el esquema, y, esperamos que también el éxito obtenido. Gracias a todos los que lo hicieron posible.

Enlazo aquí un vídeo de YouTube en donde puede verse, al completo, uno de los recitales. Espero que lo disfrutéis.

El tenedor

Entré en el bar para tomar un café. La parejita de la mesa de al lado estaba terminando una cerveza y un pincho de calamares. Apuraron la bebida y dejaron los tenedores en el platito, casi enlazados por los dientes, preparados a esperar su retirada. Cuando se levantaron para irse, la chica se colocó el bolso sobre el hombro y, sin darse cuenta, golpeó el extremo de uno de ellos, que saltó inesperadamente y cayó al suelo. La joven volvió la vista al escuchar el tintineo, pero debió pensar que no merecía la pena agacharse y lo dejó allí, abandonado a un destino que no era el suyo.

Era media mañana y había mucho movimiento. Dos chicos jóvenes y resueltos entraron decididos a llegar al fondo de la barra, y, en su camino, el primero de ellos pisó el extremo del tenedor, que, en un arabesco, acabó en el suelo, del otro lado de la mesa. Ni siquiera se dio cuenta, había visto un hueco donde podían servirle pronto y eso era lo importante en aquel momento.

Yo me levanté para pagar la consumición y, cuando volví a mi mesa, ya nada quedaba en las mesas vecinas. El camarero había recogido la loza y los despojos con una velocidad encomiable, quizás, por eso, el tenedor seguía en el suelo, esperando llamar la atención de alguien. Me senté un momento y esperé para ver cómo iba a resolverse la situación. Esperé para ver si, realmente, había tanto paralelismo como a mí me parecía entre aquella escenografía y la vida: Uno sufre un revés, a menudo por accidente, y pasas a ser invisible para los demás, indigno de aprecio —o digno de desprecio—, y todos aceptan que si estás allí es posible que ese sea tu lugar.

Me levanté dejando mi taza y mis platos en la mesa; pensé que, así, el camarero seguiría justificando, al menos, parte de su trabajo, y, al dirigirme hacia la puerta, me desvié del camino recto y recogí el tenedor del suelo, volviendo a dejarlo sobre el mármol redondo y blanco. Juraría que, al hacerlo, el tenedor me sonrió —hasta donde puede sonreír un tenedor, claro—.

2 de enero de 2025. Vitigudino

Los escritores que publicamos en autoedición debemos trabajar la comunicación en persona. Ningún esfuerzo es baldío. Y ninguna presentación es buena o mala por sí misma, pues forma parte de un todo que es el libro, el escritor y los lectores. Poco a poco, desde el verano de 2024, Pepín va recorriendo pueblos…

23 de diciembre de 2024. Lumbrales

Nada podía hacerme más ilusión que presentar el «Diario de Pepín» en mi pueblo, y, más aún, en la biblioteca donde tantas horas pase, en mi adolescencia, viviendo las vidas de otros.

No creer en Dios

Dios es un constructo. Alguien lo inventó para evitar la lógica y, sobre todo, para librarse de la responsabilidad de sus actos. Si ocurre una desgracia, es cosa de Dios, que te quiere y quiere probarte, y, si hay un motivo de felicidad, debes agradecérselo también a él, que te está premiando por no sabemos qué, pero seguramente por algo inmerecido, tal es su generosidad.

Dios, en su constructo, es el extremo de la condición humana, mejor que el mejor hombre y peor que el peor de los mortales. ¿Cómo, si no, puede Dios pedirle a un padre que asesine a su hijo para ofrecérselo en sacrificio, solo para demostrar su poder inconmensurable? ¿Cómo puede permitir genocidios en su nombre? No, Dios y su mano protectora o su mano de verdugo, tan cruel, resulta tan rácano y cicatero como podemos serlo cualquiera de nosotros. Dios está hecho a nuestra imagen y semejanza.

La vida pasa, nos pasa por encima con mejor o peor fortuna, pero eso no depende de Dios, no de ese Dios. Mis padres han tenido la vida que les tocó vivir, como casi todo el mundo; depende de cuándo y de dónde naces. Por mucho que Franco desfilara bajo palio, ningún Dios puede consentir ni proteger a un dictador que provoca una guerra, que mata en su nombre y en el de sus propias ideas, y que firma sentencias de muerte en tiempos que, cínicamente, llamó tiempos de paz tras la victoria.

Mis padres tienen ahora 95 años y una salud que podría decirse acorde con su edad. Mi padre, casi ciego y con problemas de movilidad, conserva su cabeza como si el tiempo no hubiera pasado por él. Mi madre, en cambio, es totalmente dependiente, y su cerebro se ha nublado tanto, que, a veces, ni siquiera me reconoce, y otras, me sonríe porque aflora en ella un sentimiento profundo hacia mí, pero no sabe cómo me llamo y, probablemente, no sepa, en esos momentos, que soy su hija.

El desgaste de la vida ya vivida le ha hecho perder la memoria y la ha arrinconado en sus años de niña. Mi madre tiene pesadillas y alucinaciones, y vuelve a morirse de miedo porque van a buscar a su padre a casa para matarlo, y ve cómo le cortan el pelo a su hermana y le hacen tragar aceite de ricino, y cómo su hermano, apenas un adolescente, se viste con camisa negra y grita “arriba España” para sobrevivir, y cómo las niñas-bien le pisan a ella los pies obligadamente descalzos al paso de la procesión. Mi madre grita semiinconsciente porque cree que la van a matar o vocea ¡Viva Franco! ¡Viva!

La vida la está privando de todo lo bueno y la sacude machaconamente, sin ninguna relación con los merecimientos. No, ella no merecía ser víctima entonces, cuando sufrió bajo la crueldad de los que se creían tocados por el dedo divino, y no merece ahora revivir ese pasado. No puede haber un Dios tan cruel e injusto que se responsabilice de este devenir. No puede haber un Dios tan miserable que perpetúe el daño que le hicieron.

Como en un tren

Como en un tren
viajo,
un tren que se mueve veloz
pero no sé adónde va.

Y, sin embargo,
es preciso viajar,
seguir ese camino por vías
que yo no dibujé
con cruces y desvíos
que dejé atrás
y, quizás,
debí seguir.

Vagabundeo así,
con la certeza
de mi punto de partida,
junto a otros
tan perdidos como yo,
tan ajenos a mí
que ni siquiera me ven
cuando bajamos
en la misma estación,
hasta que una voz amable
te saluda
o unos ojos calmos
te regalan su mirada
y, entonces,
ya te das cuenta
de que has llegado a casa.

Octubre

Afuera sigue lloviendo.
Es octubre.
Todo parece más efímero
en octubre,
languidece la luz
y el viento racheado
amenaza
con las garras del invierno
mientras yo
me visto de ocre entre las hojas
abandonadas,
casi muertas,
me duelo
como se duelen ellas,
pasado ya el tiempo
en el que fueron árbol
y susurraban palabras de amor,
mecidas por el suave viento
de la primavera.
Pero el tiempo inacabado
volverá,
con sonidos distintos
con distintos colores,
dejando atrás las luces mortecinas
y el abrigo del fuego en los hogares,
los árboles
seguirán siendo los mismos
e, incluso,
serán iguales las hojas que han de caer
de nuevo,
la gente de la plaza
parecerá la misma gente
pero nada será igual…
La vida se renueva 
para cerrar su círculo
y seguir
susurrando palabras de amor
en corazones que sueñan
y tejer versos
en la pluma de poetas locos
que visten de hipnótico color
la tristeza
de las hojas muertas.

Hijo

Yo te ofrecí las manos, hijo,
llenas de tierra fértil
para que tú crecieras,
la tierra que es vida
pero no es el árbol,
la tierra que apoya
y alimenta
pero no es el árbol…

Tú eres el árbol, hijo,
y tus raíces sujetan
la tierra de mis manos,
tú eres mi bosque verde
y entre tus hojas cantan mis pájaros.