Diario de Pepín. Día 7

Si todos los domingos van a bañarme prefiero que sea lunes. Es verdad que hace muchísimo calor y que olía un poco a perro sudado, pero eso no quita. Mamá me ha metido en el fregadero y me ha bañado. Yo sabía que no iba a poder escaparme pero lo he intentado igual, con todas mis fuerzas. Bueno, al final un poquito menos porque el olorcillo de la espuma y el agua para aclararme me estaban dando gustito, pero no me gusta que mamá me trate como si fuera una cazuela.

Los gatos son seres extraños. Sofía no come si yo estoy delante y, aunque apenas me bufa ya, no quiere jugar conmigo. Yo la persigo correteando detrás de ella por el pasillo, pero nada. Aun así, yo creo que vamos avanzando un poco cada día y va haciéndose a la idea de que he venido para quedarme. Ya asume que mamá es también mi mamá, y se coloca al otro lado de ella en el sofá, sin protestar.

Mamá me quiere mucho. Los dos primeros días yo no quería entrar en el ascensor porque me daba un poco de miedo y ella me cogió y me subió en brazos, pero el resto de días, desde entonces, subimos corriendo las escaleras. Y son tres pisos.

Autor: AdelaVilloria

Trabajo para poder comer. Escribo para poder vivir.

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