La loca

Hoy no la he visto llegar, el pelo grasiento, los pantalones raídos llenos de manchas y de agujeros, la chaqueta mal abrochada dejando entrever su pecho sin sujetador y los zapatos de invierno como chanclas. Hoy no me he cruzado con su mirada huidiza, ni la he visto sentada en el borde de la acera con las rodillas abrazadas, ni pasear durante horas cerca del estanco.

Hoy, las colillas se acumulan en la calle, esperándola.  Yo también la echo de menos.

Otoño

Los barrenderos  no me dejan pisar

las hojas del otoño,

las busco

como los niños buscan los charcos

para chapotear

y ellos me miran amenazantes

cuando les desbarato un montón echándolas al aire;

alguno, incluso me vocea “¡señora!”,

me habla de usted porque cree que estoy loca

y amaga con pegarme…

pero se queda quieto y me mira,

que luego

le da miedo esa locura

capaz de lanzar sueños

al viento.