Urgencias

El infarto llegó a las doce de la mañana, el hombre había empezado a encontrarse mal después del desayuno y no había querido asustar a la familia, que se había reunido después de mucho tiempo de ausencias. Llegó pálido, sudoroso y angustiado, con tal sensación de gravedad que ninguno de la media docena de pacientes que esperaban inquietos en la sala de espera se atrevió a protestar cuando la enfermera le hizo pasar sin esperar su turno. Inmediatamente cuatro manos y dos cabezas bien  centradas se pusieron con él, mientras alguien más tranquilizaba a la familia, y ordenaba un poco el caos de la mañana en el Centro de Salud.

Dentro ya se atendía a una anciana que no se tenía en pie, mareada y sin dejar de vomitar, cuando el teléfono sonó, con esa urgencia de lo desconocido que lo convierte en prioritario. La enfermera aceleró el inyectable que ya estaba poniendo y corrió a coger la llamada, que todo lo grave se junta, y, tras el saludo habitual de “Urgencias, dígame…” y la repetición un poco crispada de “¡Urgencias, dígame!…” oyó decir al otro lado, “Ah, es que estaba probando a ver si ya me funcionaba el teléfono, que antes no me iba…”. La enfermera se separó del auricular y lo miró, incrédula, antes de colgar sin decir palabra.

Volando, al fin.

-Demasiados asientos vacíos para un vuelo low-cost… Claro que, sin equipaje ni billete de vuelta, no creo que vaya a haber overbooking. Aquí llega un rezagado de última hora; parece un padre de familia, el típico empleado de banca o vendedor de coches. Míralo, desencajado… un infarto, seguro. Tranquilo, hombre, a ver si ni siquiera va a ser tu vuelo… A ver si te pasa como a mí que, por dos veces, sentado ya y hasta con el cinturón puesto, me hicieron bajar del avión.

-Perdone, caballero, pero no está en nuestra lista de pasajeros…

-¡A mí qué me cuentan, uno es novato hasta para esto!. Esta vez, no; esta vez me he asegurado de no perder el vuelo; lo único molesto es este nudo corredizo que me aprieta el cuello. Ni tragar saliva me deja”.

-Señoras y señores pasajeros, el comandante Muerte les da la bienvenida a este vuelo con destino a ninguna parte…