Diario de Pepín. Día 41

Hoy otra vez. En el parque nos juntamos cinco perros, de todos los colores, formas y tamaños, aunque se veía que todos eran mayores que yo porque todos estaban mucho más tranquilos y ninguno dio saltos cuando yo me acerqué. Y todos los papás me miran a mí porque soy el nuevo; y va uno y le pregunta a mamá que de qué raza soy. Mamá respondió, otra vez, que soy de marca blanca, y algunos papás se echaron a reír, pero no inmediatamente, que se quedaron un poco pensando qué habría querido decir. Y, entonces, va un papá y dice que yo soy muy bonito, que algunos cruces son muy feos, pero que yo soy muy bonito… ¡qué obsesión tienen algunos papás con eso de la raza, que yo ni sé lo que es!

Yo olí un poco a todos y todos me olieron a mí. Todos hicimos lo mismo, sin importarnos lo que pensara el papá de cada uno.

Hoy no estaba Cascabel en la Plaza pero, a cambio, he conocido a Paco. La mamá de Paco no lo había sacado a pasear hasta ahora, porque le faltaban vacunas, pero ahora ya, sí. Ahora ya podemos jugar juntos porque somos casi de la misma edad aunque él es mucho más pequeño que yo. Si no fuera por todo el pelo que tiene, sería un  montón de veces más pequeño que yo. Y la mamá de Paco no le preguntó a la mía de qué raza soy.

Diario de Pepín. Día 32

Hoy sí que me lo he pasado bien. Hacía dos días que no veía a Cascabel y esta tarde estaba con su mamá vieja en el parque y, en cuanto hice pis y caca tiré para allá y estuvimos un rato largo haciendo peleas de mentira. Mientras nosotros nos mordíamos y dábamos volteretas y liábamos las correas mi mamá y la suya hablaban de cosas que a los perros no nos importan nada. Tan solo mamá, de vez en cuando, nos vigilaba para que no nos pasáramos de la raya, pero, al ver que ninguno de los dos chillábamos, pues se quedaba más tranquila; aunque una vez vio que me había sacado el arnés, y otra que me puse a morder a Cascabel en los hocicos y me quedé colgando de sus pelos. Pasamos un rato fenomenal, incluso cuando ya nos íbamos cada uno para su lado, nos dimos la vuelta para volver a vernos.

Cascabel es muy majo y también es un cachorro como yo, pero su mamá no me gusta del todo. Cuando mi mamá y la mamá de Cascabel hablaban de nosotros y cada una decía lo que hacía y lo que no, la suya dijo que no lo dejaba entrar en la habitación cuando dormía porque “al fin y al cabo, son animales”. Nos llamó animales. Y yo creo que lo dijo como si eso no fuera muy bueno, la verdad.