Diario de Pepín. Día 13

Mamá me ha comprado una camita nueva, dice que para que no asocie la vieja con hacer pis en ella. En realidad, la ha comprado porque yo había mordido la tela y había sacado trozos de espuma pero así ella aprovecha para decirme que ese no es sitio de mear. Es que no puedo resistir la necesidad de morder todo y las pelotas de goma no se rompen, pero la camita, sí.

Dice mamá que, en cuanto se sienta en el sofá ya estoy yo pidiendo que me suba, pero es que se está muy agustito allí, a su lado, y me quedo dormido en seguida pegado a su pierna. Por la noche sigo durmiendo en la alfombra. A mí no me importa porque espero que algún día me deje dormir con ella, como hace Sofía. De momento, ella deja sus chanclas a mi lado y yo coloco mi cabecita encima para dormir.

En la calle tengo muchísimo trabajo. Entre las cagadas de las palomas, las meadas de perro, la gente que se para a decirme cosas y los perros que se cruzan conmigo y quieren olerme, no paro un momento. Mamá a veces se enfada, porque me siento en la calle y no quiero caminar o pego un tirón para ir a oler algo, pero yo creo que eso es algo que va en nuestra naturaleza. Al fin y al cabo, ella no quiere esperar cuando yo voy a comer basura y yo no quiero esperar cuando ella va a retirar mis cacas. Supongo que será para compensar.

Autor: AdelaVilloria

Trabajo para poder comer. Escribo para poder vivir.

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