Yo no quiero ser roble,
quiero ser junco,
quiero ser la hierba
en la orilla del río
que nos lleva,
quiero engañar al viento
que quiebra las ramas secas
y arranca las hojas verdes,
que gime en los callejones
y golpea
los cristales con violencia.
Quiero engañarlo,
que piense,
que no merece la pena
desgastarse
con quien parece tan débil
como una brizna de hierba.