Diario de Pepín. Día 107

Yo no sé si todos los inviernos van a ser como este, pero, para ser este el primero que a mí me toca vivir, yo diría que está un poco revuelto. A lo mejor esto es lo normal y yo no lo sé porque no puedo comparar. Mamá, que conoce muchos más inviernos que yo, protesta con tanta lluvia y con tanto viento, de modo que no debe ser esto lo normal.

Ayer cerraron el parque; dijo mamá que por peligro de que cayeran los árboles. Nosotros íbamos por la acera, y de pronto, vino un golpe de viento y le dio la vuelta al paraguas de mamá. A mí no me gustan demasiado los paraguas, tienen una forma muy brusca de abrirse y  a veces me asustan, pero el de ayer me dio mucha pena. Tenía los bracitos rotos, colgando, y el vestido arrancado casi del todo. Mamá dijo que íbamos a una papelera, como cuando tiramos las bolsas con mis cacas, y yo ya me imaginé para qué. Se conoce que los paraguas son muy sensibles a esto del viento fuerte, porque en la papelera ya había otros dos desvencijados y otro en el suelo. Podría decirse que ayer vi cómo se moría un paraguas, y a otros tres ya muertos del todo. Estará orgulloso el viento de pelear con gente tan débil…

Nosotros, después de esto, aguantamos como pudimos; yo, con mi impermeable, que me tapa bastante, pero no todo, y  mamá mojándose entera por no tener paraguas. Como en la ducha pero con el agua más fuerte. Diría yo que el viento y la lluvia no son amigos de la gente y de los perros, porque así no hay quién disfrute de un paseo. Hasta yo me doy prisa en hacer caca porque me da pena que mamá se moje.

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Autor: AdelaVilloria

Trabajo para poder comer. Escribo para poder vivir.

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