Diario de Pepín. Día 48

Estos días han sido una revolución. Mamá no me ha llevado a la oficina porque tampoco ha ido ella a trabajar. He subido y bajado del coche un montón de veces; bueno, mamá me ha subido y me ha bajado del coche, porque yo no me atrevo pero ya no me escapo ni tiro para atrás. La verdad es que en el coche no se va mal; me tumbo en el asiento de atrás y hasta me duermo, salvo cuando pegamos botes, que me asustan mucho, aunque mamá entonces vaya muy despacito.

Vino la mujer que habla como mamá pero no es mamá y yo me asusté por la noche porque no me acordaba de que se había quedado a dormir y empecé a ladrar para avisar a mamá de que había ruidos extraños en la casa. Al día siguiente salimos a caminar temprano y la mujer que habla como mamá me llevó todo el tiempo de la correa, pero muy corta porque dice que tengo que acostumbrarme a ir al lado, que así acostumbró ella a su perrita. Luego, por la tarde ya había muchísima gente en la calle, todo eran piernas a mi alrededor; menos mal que llevaba la correa cortita y nadie se tropezó conmigo.

Hoy ya nos hemos quedado solos mamá, Sofía y yo; y estamos reventados. Yo creo que tango trasiego de maletas y de camas y de idas y venidas nos deja agotados a todos. Por eso me he pasado el día tumbado en el sofá, pero totalmente repantingado, todo lo largo que soy. Y cada vez soy más largo, que he crecido un poco más.

Autor: AdelaVilloria

Trabajo para poder comer. Escribo para poder vivir.

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