Como en un tren

Como en un tren
viajo,
un tren que se mueve veloz
pero no sé adónde va.

Y, sin embargo,
es preciso viajar,
seguir ese camino por vías
que yo no dibujé
con cruces y desvíos
que dejé atrás
y, quizás,
debí seguir.

Vagabundeo así,
con la certeza
de mi punto de partida,
junto a otros
tan perdidos como yo,
tan ajenos a mí
que ni siquiera me ven
cuando bajamos
en la misma estación,
hasta que una voz amable
te saluda
o unos ojos calmos
te regalan su mirada
y, entonces,
ya te das cuenta
de que has llegado a casa.

Octubre

Afuera sigue lloviendo.
Es octubre.
Todo parece más efímero
en octubre,
languidece la luz
y el viento racheado
amenaza
con las garras del invierno
mientras yo
me visto de ocre entre las hojas
abandonadas,
casi muertas,
me duelo
como se duelen ellas,
pasado ya el tiempo
en el que fueron árbol
y susurraban palabras de amor,
mecidas por el suave viento
de la primavera.
Pero el tiempo inacabado
volverá,
con sonidos distintos
con distintos colores,
dejando atrás las luces mortecinas
y el abrigo del fuego en los hogares,
los árboles
seguirán siendo los mismos
e, incluso,
serán iguales las hojas que han de caer
de nuevo,
la gente de la plaza
parecerá la misma gente
pero nada será igual…
La vida se renueva 
para cerrar su círculo
y seguir
susurrando palabras de amor
en corazones que sueñan
y tejer versos
en la pluma de poetas locos
que visten de hipnótico color
la tristeza
de las hojas muertas.