Hay un hombre feliz
que camina entre la gente,
que pasea por los parques
y, a su pesar,
trabaja por un sueldo
porque de algo hay que vivir.
Y, sin embargo, es un hombre feliz.
Cuando se levanta y abre
la ventana de su cuarto
y respira el aire limpio aún,
cuando, en la calle,
se cruza con dos jóvenes
unidos por las manos,
la mirada cómplice y alegre,
el paso ligero y bailarín,
cuando se sienta en un banco
para ver pasar
a los que pasan
paseando,
a los que pasan
afanándose
en tareas importantes…
¿Quién sabe la importancia de las cosas
que nos preocupan
o dirigen nuestros pasos con premura?
¿Quién sabe lo que piensa un hombre
que se sienta al borde del camino
a descansar?
¿Quién sabe por qué,
a pesar de todo,
puede un hombre ser feliz?