Si yo pudiera ser
un pájaro
viajaría por el cielo de los barrios
de la ciudad inmensa
me quedaría a jugar en los patios
de los colegios,
con los niños que aún son niños,
y bajaría
hasta los bancos donde se sientan los viejos,
descansando de la vida y la memoria
en el sol y sombra de los parques,
donde hay una fuente que apenas
pueden oír ya.
Si yo fuera un pájaro,
tan frágil
como un pájaro,
volaría hasta tu balcón y,
en el alfeizar de tu ventana,
esperaría durante horas
a verte llegar,
a verte salir y entrar apresurado,
o sentarte en tu butaca
sin mirar el reloj,
mientras yo picoteo el cristal
y espero
a que vuelvas los ojos hacia mí
y sonrías,
feliz de que, por un momento,
hayas dejado que fuera
siquiera un pájaro
en tu vida.