El recital

Fue un éxito. Todos los recitales lo son, pero este lo fue especialmente. Nos esperaban ilusionados, sus caras, su sonrisa abierta y sus gestos apresurados los delataban y nosotros nos sentimos especiales por ello. Recitamos nuestros poemas y cantamos nuestras canciones e, incluso, ellos también lo hicieron. Al terminar, como muestra de su agradecimiento, nos regalaron algunos trabajos hechos en sus talleres, unos marcadores de páginas troquelados y dos cuadros realizados con hilos, tan cuidadosamente pegados unos junto a otros como solo puede hacerlo alguien para quien el tiempo no cuenta o alguien para quien, precisamente, el tiempo cuenta solo cuando pasa.

Nosotros solo pudimos decir “gracias” muchas, muchas veces. Y prometimos volver. Y prometimos no olvidarnos.

La puerta esclusa se cerró cuando salimos, con un golpe seco y doloroso. Mientras recorríamos el patio miramos atrás, a la cuadrícula de ventanas de la fachada. Un hombre joven nos miraba salir, las manos aferradas a los barrotes, la cabeza apoyada en ellos. Quizás, aquella tarde, nuestros poemas y nuestra música le habían dado alas, pero él seguía allí, privado de libertad.

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Autor: AdelaVilloria

Trabajo para poder comer. Escribo para poder vivir.

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