Sobre mis hombros pesa
la eternidad del tiempo;
pesan todas las fatigas
y todos los dolores
de los que fueron antes,
hasta llegar a mí…
Como una losa de granito
sobre mi cuerpo inerme,
como la bota del soldado
que aplasta la flor
en la orilla del camino,
así siento estas horas sin ánimo,
sin fuerza para pelear,
sin vida…
hasta que una palabra amable
me despierta
y el lazo de un afecto
me permite respirar
el aire renovado de un día
como otros,
o no, distinto de los otros,
porque distinta es la luz
que me ayuda a caminar.