San Pelayo de la Guareña

Hasta ayer yo no sabía dónde estaba este pueblo. En realidad, no sabía ni que este pueblo existiera.

Pero resulta que ayer, el Grupo de Teatro Lazarillo de Tormes, bajo la iniciativa cultural de la Diputación de Salamanca, representaba allí «Buscando a Nebrija», obra que habían estrenado con motivo del 500 aniversario de la muerte de Elio Antonio de Nebrija.

Y hasta allí nos fuimos unos cuantos de «los Homero», y aprendimos de Gramática, de libertad, de envidias y manipulaciones, de desprecios y de gloria después de la muerte, todo ello en la piel de este humanista tan extraordinario que fue Nebrija, que tanto dio a Salamanca y tanto le quitó Salamanca a él para morir en Alcalá de Henares.

Y, además, aprendimos —ya lo habíamos comprobado con nuestros recitales—que los pueblos están sedientos de cultura, como sus campos de lluvia en la sequía, tan solo es cuestión de tener iniciativas y proteger desde las instituciones las que puedan surgir. La cultura no es cosa de ciudades, es cosa de todos. Es un derecho y un deber de todos.

Y aprendimos, también —en los pueblos siempre se aprenden cosas—que la iglesia de San Pelayo de la Guareña es una joya del románico (Siglo XII) que ha ido soportando modificaciones a lo largo de los siglos, pero consiguiendo transformarse en un auditorio perfecto para recitales de poesía y música o para representaciones teatrales. Intentaremos ir hasta allí con nuestra «Asociación poético-musical Homero».

Tenemos que volver junto a la morera más longeva de España.

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Autor: AdelaVilloria

Trabajo para poder comer. Escribo para poder vivir.

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