Lectura con Pepín

Pepín me mira

cuando me pongo a leer;

yo creo que se extraña,

al fin y al cabo

no lo hago a menudo.

Pepín se tumba en el sofá

pegado a mí,

y me mira de vez en cuando, sin moverse;

luego parece dormir un poco,

me mira otra vez,

estamos ahora en dos mundos diferentes,

y se separa un poco de mí.

Y me mira a menudo

para ver si ya he vuelto.

Apariencias

La mujer habló con la madre y, cuando terminó, se dirigió a la hija, una muchachita de unos 8 o 9 años, que había permanecido a su lado, discretamente callada y observando.

-¿Cómo te llamas? Dijo la mujer, y esperó la respuesta.

La niña, levantando apenas los ojos, dijo: Noa.

-¡Qué bonito! Contestó la mujer, entusiasmada. Y lo repitió de nuevo, para que no hubiera lugar a dudas.

La niña, quizás no, pero las dos mujeres sabían que, de haberse llamado Robustiana, la respuesta habría sido la misma. Y el entusiasmo, también.