Diario de Pepín. Día 88

No sé esto de la lluvia en qué va a acabar, que venga a caer y caer y ya ni riegan la hierba, ¿para qué? Que no me gusta un pelo, lo tengo claro, pero es que mamá me ha comprado un artilugio que dice que es un impermeable y que me gusta tan poco o menos que mojarme. Bueno, al menos, de momento.

Apareció con él y en seguida le vi las intenciones y, aunque se lo dije –orejas gachas y esa mirada que provoca conmiseración según dice ella-, cuando mamá ha decidido algo no sirven miramientos. Yo no quería salir de casa, tuvo que sacarme a rastras. Pero me sacó. ¡Vaya si me sacó! A ver, que luego no estuvo tan mal, que pudimos pasear bajo la lluvia, ella con un paraguas –que tampoco me hacen gracia con esa forma que tienen de desplegarse, que parece que van a explotar- y yo con mi impermeable. Al día siguiente, como ya sabía de lo que iba, pues protesté un poco –no iba a ceder a la primera-, pero estuvo mejor y total, ahora ya sé que, si me lo pone, es que llueve. Y tengo que reconocer que es mucho mejor salir con impermeable que quedarse en casa por la lluvia. ¡Eso, lo último!