Diario de Pepín. Día 38

Hoy era un día normal, la vuelta de la mañana, las carreras por el parque, correr hacia mamá cuando me silba, y luego, la oficina. Lo bueno fue que llevaba muchos días sin ver al chico de la gorra y hoy estuvo con nosotros. ¡Madre mía, le hice un montón de gracias y él me dio una paliza de cariño!. Al chico de la gorra no le gustan mis lametazos pero yo no podía aguantar las ganas y venga a lamerle y lamerle las piernas. Al final él dejó de protestar y yo dejé de lamer.

Por la tarde mamá sacó un cajón grande y escuché como le decía a Sofía que ya sabía ella que no le gustaba el transportín, pero que no quedaba otra, y metió dentro un comedero pequeño con comida blanda que a Sofía le encanta -y a mí, también, pero no me dejan comerla-. Sofía empezó a olfatear y casi entró a comer, y mamá la observaba desde lejos, pero, en el último momento Sofía se arrepintió y se fue lejos. Total, que, al final, mamá tuvo que meterla como pudo y Sofía empezó a maullar de una forma que daba mucha lástima. Y es que Sofía no sabe ir andando por la calle, como yo, y por eso la tienen que llevar al veterinario metida en un cajón. Los gatos parecen muy listos pero no saben muchas cosas que nosotros sabemos de normal.